• NeuroEducacion y Futuro

Principio de plasticidad neuronal: ¿El cerebro nace o se hace?

NEUROCIENCIA EN LA EDUCACIÓN.

(Imagen de la web)


En este ensayo queremos responder a la pregunta: ¿De qué forma utilizamos la plasticidad cerebral en la enseñanza?


“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”

Santiago Ramón y Cajal.


Al imaginar la analogía que hace referencia a lo que ocurre entre el cableado eléctrico de un ordenador y las conexiones sinápticas entre las neuronas, podemos comprender y responder cómo funciona nuestro cerebro. Pero a diferencia de un computador nuestra conectividad sináptica está en constante cambio, existiendo una interacción que transforma nuestra actividad cerebral en respuesta a diferentes experiencias o influencias ambientales. A este fenómeno podemos llamarlo plasticidad o neuroplasticidad; con ello se hace referencia a la capacidad del cerebro para adaptarse a las situaciones de aprendizaje, habilidad que nos permite constantemente resolver problemas, aprender y comprender, ser flexibles y adaptarnos al cambio, almacenar memorias y con ello utilizarlas a lo largo de toda la vida.


Santiago Ramón y Cajal en su frase “Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”, nos pone en el contexto de que el ser humano tiene la capacidad de aprender y adaptarse constantemente utilizando este principio. Lo que nos lleva a comprender que la plasticidad es la base para el aprendizaje y la enseñanza, es decir, disponemos de información, desde el inicio del neurodesarrollo hasta el día de nuestra muerte, la que crece con el trascurso del tiempo. El aprendizaje y las experiencias-contextualizando la educación que recibe una persona-transforman, adaptan y cambian las redes cerebrales, principio fundamental que nos hace comprender su aplicación en la enseñanza. El cerebro sufre modificaciones físicas, estructurales y funcionales que se producen cuando aprendemos. El cerebro humano pesa unos 350 gramos al nacer, pero al pasar el tiempo aumenta su peso entre 1250 a 1500 gramos, es decir, el cerebro de un recién nacido tiene un 25% aproximadamente de su peso de adulto.

Existe una controversial pregunta sobre si el cerebro nace o se hace, haciendo referencia al desarrollo y la proliferación de las redes neuronales, es decir, la plasticidad. Sin embargo lo que genera una real diferencia en su capacidad, maduración y desarrollo, según las investigaciones, son las marcas epigenéticas que heredamos de nuestros antepasados y los factores biopsicosociales, siendo estos últimos los que corresponden a la interacción con el ambiente y contexto, es decir, marcas químicas que no alteran nuestro ADN, pero que sí activan y desactivan la expresión de nuestros genes afectando la estructura y función de nuestro cerebro y comportamiento durante toda la vida, fruto de la acción experiencial, del entorno en que ha crecido una persona (la crianza), la interacción con el medio (relaciones sociales), la educación que ha recibido (de calidad y excelencia), la buena nutrición, la estimulación de las experiencias (enseñanza), los fármacos consumidos, etcétera.

Por otra parte, existe la expresión de los genes que depende, en gran medida, del desarrollo de nuestro capital cultural, de las relaciones sociales y emocionales, podríamos reflexionar que nuestra capacidad de aprendizaje depende en un porcentaje de lo genético (heredado) y otro porcentaje sobre las experiencias vividas. No podemos entregar datos cuantitativos, ya que la epigenética es una disciplina relativamente nueva y aún existe gran controversia en qué afecta más, la genética o el ambiente; pero existe claridad de que ambos poseen igualdad de importancia con un enfoque más integrado respecto a la expresión génica y el desarrollo humano, que es comprendido con la capacidad plástica de nuestro cerebro.

Si bien el desarrollo del cerebro está determinado por la genética, durante los años hemos podido evidenciar la estrecha relación que existe entre ella y la experiencia, pudiendo concluir que cada uno de nosotros es único y formamos nuestras propias redes neuronales; metafóricamente hablando, son verdaderas carreteras de información que están en nuestro cerebro, se crean y transforman con la información sensorial, con las nuevas experiencias vívidas y el aprendizaje. Afirmación que nos acerca a respondernos cómo se utiliza la plasticidad en la enseñanza.

Implementar estrategias y metodologías de enseñanza bajo el principio de plasticidad nos permite basar nuestra práctica pedagógica en la evidencia (PBE), considerar los determinantes neurocognitivos del aprendizaje conlleva a desarrollar estrategias que articulen las experiencias previas y el contexto del estudiante con las emociones y el buen trato, con la estimulación temprana (sensoriomotricidad y psicomotricidad), con la motivación intrínseca y extrínseca. Basar la enseñanza en la neuroplasticidad nos permite comprender que el aprendizaje debe ser integrando actividades experienciales que simulen la realidad al aprender, estimulando la arborización neuronal y con ello la plasticidad.

REFERENCIAS


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Marco A. Barraza