• NeuroEducacion y Futuro

La emoción es el motor que mueve el aprendizaje.

Neuroeducación

"Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes". 

Santiago Ramón y Cajal.


“Sin emoción no hay aprendizaje”, frase acuñada por el doctor español en medicina y neurociencia Francisco Mora; hace referencia a que las emociones sí importan y con esta afirmación evidenciamos que el objetivo de este breve artículo es comprender por qué éstas son el pilar fundamental para estimular la motivación y consolidar la memoria, y desde la neuroeducación comprender la importancia del vínculo bidireccional e inherente entre la familia y la escuela, unificando ambos esfuerzos para una educación emocional de calidad.

Uno de los principales objetivos de la educación debe ser crear ambientes emocionalmente positivos y colaborativos, lo que ayudará a fortalecer la enseñanza asociando la alegría, bienestar y felicidad en los procesos propios del cerebro para aprender. Partiendo desde una perspectiva-anatómica molecular-el aprendizaje es un proceso que acontece en el cerebro, éste ocurre en la sinapsis, permitiendo el paso de neurotransmisores que comunican información por la corteza cerebral, a través de los potenciales de acción, lo que genera y consolida nuevas redes neuronales y con ello, la plasticidad. Se origina de las aferencias sensoriales producidas por la estimulación de la experiencia, siendo la educación-formal e informal- el canal o vehículo del aprendizaje.

Adquirimos experiencia durante toda nuestra vida, pero con el transcurso del tiempo sólo algunas perduran en nuestros recuerdos: las emociones son el principal factor de que esto ocurra. El aprendizaje asociado a los sentimientos positivos-como la alegría y el amor, o los negativos como el miedo y la tristeza-son los que permanecerán en el tiempo, por eso el aprendizaje se produce cuando los estudiantes quieren aprender y no cuando se les quiere enseñar. Por otra parte, la actitud y el trato que entregan los profesionales de la educación, los padres y/o cuidadores harán que el aprendizaje perdure en el tiempo siendo esos ambientes positivos o motivadores los que nos predisponen a aprender. Por el contrario, los ambientes agresivos como el miedo a una clase porque el profesor eleva la voz o castiga con más trabajo por tener bajas calificaciones, el maltrato, la falta de cariño y el abandono familiar, generan estrés negativo que, si es permanente, se transformará en un factor que impedirá la comunicación efectiva entre las neuronas, impidiendo la consolidación del aprendizaje para toda la vida.

La regulación y el proceso de las emociones lo determina el sistema límbico-un sistema compuesto por estructuras encefálicas corticales y subcorticales interconectadas que intervienen en el aprendizaje-dedicado a vincular los estados emocionales con la cognición y el comportamiento. Algunas de sus estructuras son: el hipocampo donde se produce el aprendizaje emocional y se almacenan los recuerdos; la amígdala cerebralconsiderada el centro del control emocional; el tálamo que cumple la función de relevo de la información que ingresa a través de los sentidos (aferencias sensoriales) enviándola a las distintas áreas del cerebro para dar una respuesta al estímulo (eferencias sensoriales); el hipotálamo que interviene en la actividad endocrina y en la conducta emocional. Por otro lado, la interacción entre estas estructuras y las distintas respuestas a los estímulos son mediadas por mensajeros neuroquímicos los que transmiten información de una neurona a otra incitando las emociones al aprender. Estos neurotransmisores y algunas de sus funciones son: la dopamina promueve el deseo de aprender con ello la motivación y el entusiasmo; la serotonina regula el estado de ánimo, la sensación de bienestar y es conocida como la hormona de la felicidad; las endorfinas estimulan la actividad de la dopamina y la serotonina generando una sensación positiva en el cuerpo, reducen la percepción del dolor; y la oxitocina alivia la ansiedad y el miedo. Sin embargo, para estimular estos procesos actúan los factores biopsicosociales del aprendizaje, donde la buena nutrición (alimentación sana y saludable), la actividad física (deporte y actividades al aire libre), el estrés positivo (buen trato, sana convivencia, desafíos, etcétera) el sueño y otros, son considerados agentes que impactan directamente en el aprendizaje y en el desarrollo neurocognitivo.


La neuropsiquiatra Amanda Céspedes nos dice que debemos aprender a reconocer las señales que reflejan la real felicidad interna siendo una “fuente generativa de espléndidos aprendizajes” por lo que es importante que tanto docentes, profesionales, padres y/o cuidadores puedan aprender a ver esas señales que se manifiestan, mencionando la alegría existencial, motivación y serenidad como aspectos importantes a considerar. Por ello es fundamental articular los esfuerzos tanto de las familias, los cuidadores y la escuela con el fin de potenciar estos y otros aspectos los que se deben hacer visibles fortaleciendo la educación y a través de una escuela abierta, comunicativa y afectiva lograr entrelazar el desarrollo de la inteligencia emocional y la potenciación de las funciones ejecutivas tanto en la educación formal como en la informal.


Podemos concluir que con el objetivo de erradicar los neuromitos y promover la enseñanza con prácticas basadas en la evidencia (PBE) es importante comprender y conocer las bases neurobiológicas del aprendizaje, es decir, cómo aprende el cerebro y qué necesita para aprender mejor. La neuroeducación no nos entregará una receta mágica, pero será una herramienta para que sus hijos y estudiantes desarrollen el máximo potencial, ampliando sus capacidades e interés por aprender. Por esta razón los educadores, padres y/o cuidadores deben ser conscientes del impacto de sus prácticas y conductas, ya que, para transformar la educación debemos sentir para aprender y enseñar, haciendo referencia a que solo aprendemos lo que nos motiva, amamos o emociona. Por ello, nuestras actividades pedagógicas deben considerar la simulación experiencial, intereses personales, estimulación sensorial, la práctica, sociabilización, contexto y otros determinantes neurocognitivos del aprendizaje o variables que se deben tener en cuenta al planificar una clase neuroeducativa; y desde la neuroeducación, promover un aprendizaje activo, cooperativo y colaborativo, siendo la emoción el motor que mueve el aprendizaje.


Referencias

  1. Aguado, L. (2002). Revista Neurología. Procesos cognitivos y sistemas cerebrales de la emoción. Madrid, España. Vol. 34 (12): pp 1161-1170. Universidad Complutense.

  2. Calle, M. et al. (2011). Incidencia de la inteligencia emocional en el proceso de aprendizaje. 18 noviembre 2019, de NOVA, Publicación Científica en ciencias biomédicas Sitio web: http://hemeroteca.unad.edu.co/index.php/nova/article/view/492/1084

  3. Cespedes, A. (2014). Las inteligencias y el aprendizaje. En 100 preguntas sobre educación (186-187). Providencia, Chile: Ediciones B.

  4. Guillén, J. (2016). ¿Cuáles son las asignaturas más importantes para el cerebro?. 17 noviembre 2019, de Escuela con cerebro Sitio web: https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2016/05/30/cuales-son-las-asignaturas-mas-importantes-para-el-cerebro/

  5. Kandel, E. et al. (1997). Neurociencia y conducta.  Madrid, España: Prentice Hall.

  6. Logatt, C. (2016). ¿Cómo influyen las emociones en el aprendizaje?. 17 noviembre 2019, de Asociación Educar Sitio web: https://www.upla.cl/inclusion/wp-content/uploads/2016/05/ Descubriendo_el_cerebro_y_la_mente_n83.pdf

  7. Mora F. (2013) Neuroeducación, solo se puede aprender aquello que se ama. Madrid: Alianza Editorial.

Marco Barraza